
25 de julio de 2026 · 3 comentarios
El verdadero coste de esperar
Hay un momento en el que una mesa deja de discutir cuánto vale un activo y empieza a discutir cuánto cuesta esperar. Ese momento no aparece en las estadísticas.
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Para entenderme a mí mismo, tengo que pasar tiempo con lo que he escrito. Con las personas que fui mientras lo escribía. Llevo años llenando cuadernos sin saber muy bien para qué. Nunca he entendido un cuaderno como un simple soporte. Las ideas que merecen ser conservadas también merecen un lugar digno donde descansar. Los lleno con lo que veo. Con lo que los demás pasan por alto. Algunas reflexiones. Citas interesantes. Notas que al releerlas no siempre tienen sentido: una palabra, un número, un número de vuelo. Los cuadernos se acumulan sin orden, como piezas de un puzle que alguien ha volcado sobre el escritorio y ha dejado allí, esperando.
El orden ha llegado después, al mirar atrás. Al darme cuenta de que las notas no son simples apuntes sueltos. Son fragmentos de un mapa que yo mismo he dibujado sin saber adónde lleva. Cada cuaderno contiene señales sobre quién soy yo en ese momento.
Los cuadernos también son un instrumento de atención. Una forma de decir: esto merece mi mirada. Esto merece mi tiempo. Apuntar algo no es solo guardarlo; es decidir que vale la pena mirarlo un poco más. Y esa decisión, repetida durante años, es lo que va construyendo el mapa que luego puedo ordenar. Veo dónde he puesto mi atención. Veo lo que he elegido mirar, lo que he decidido fijar, lo que ha merecido el gesto de ser escrito. Y sigo haciéndolo.
Este cuaderno, From the Desk, no es una continuación del manuscrito El Intermediario. Es un espacio paralelo. Un lugar donde las notas que no entraron en el manuscrito conviven con algunas que sí habitan en él. Notas que sigo tomando y generan a veces reflexiones interesantes, pero otras veces ideas vagas.
Este cuaderno no es sobre otras personas. Es sobre mí. Una forma de mirar mis propias obsesiones con la distancia justa para verlas con claridad, pero sin perderme el cariño. Sin cinismo. Sin la arrogancia de creer que ya lo sé todo. Esa nota, esa fecha, ese gesto, lo que parece insignificante, abre una puerta. Y detrás no hay solo un recuerdo: hay una persona que ya no soy, pero que me ayudó a ser quien soy. Este cuaderno es el lugar donde me detengo para recordar, ordenar y compartir, sin prisa, lo que voy aprendiendo mientras sigo llenando cuadernos sin saber muy bien para qué.



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