8 de octubre de 2018
Jugar con ventaja
La reflexión de hoy nace de esta noticia
Autosport
Mercedes spent £309.7million to win 2017 Formula 1 championship
Octubre de 2018

Adam Cooper publicaba en Autosport los números de Mercedes en 2017. El equipo gastó 309,7 millones de libras, 45,9 millones más que en 2016. La razón: el coste extra de desarrollar el coche para las nuevas reglas. Solo 60 millones procedían de Daimler. El resto —249,7 millones— provenía de los ingresos de FOM y patrocinios. Mercedes generó 337,2 millones de ingresos y obtuvo un beneficio de 13,3 millones. Es un negocio rentable por sí mismo.
El artículo presenta los números como un hecho. Pero hay una pregunta que no formula.
Mercedes gastó más porque tenía que desarrollar el nuevo coche. Eso es evidente. Lo que no se dice es que ser el que desarrolla el nuevo coche con las nuevas reglas tiene una ventaja que el dinero no puede comprar: el conocimiento.
Cuando las reglas cambian, el equipo que entiende mejor el coche nuevo tiene una ventaja que dura toda la temporada. Los datos que acumulan durante el desarrollo, las soluciones que encuentran a los problemas, el conocimiento que adquieren antes que nadie. Esa ventaja no aparece en los balances. Pero se nota en la pista.
Es lo mismo que ocurrió con el coche anterior. Mercedes ya jugó con ventaja entonces. Y ahora, con el nuevo coche, vuelve a hacerlo. No es casualidad. Es el resultado de un sistema que permite a los grandes equipos gastar lo que necesitan para mantener su posición.
Mercedes gasta más porque puede permitírselo. Y puede permitírselo porque gana. Cada campeonato genera más ingresos: más premios de FOM, más patrocinios, más valor para la marca. Esos ingresos permiten gastar más en el siguiente coche. Es un círculo virtuoso para ellos. Para los equipos pequeños, es un círculo vicioso.
Los 45,9 millones extra que gastó Mercedes en 2017 no son un coste. Son una inversión. Se recuperan con los ingresos del campeonato. Y además, dejan el conocimiento necesario para el siguiente coche. Esa es la lógica de los grandes equipos. Ganan, gastan, vuelven a ganar.
La pregunta que el artículo no formula es: ¿cómo pueden los equipos pequeños competir contra un sistema que premia al que ya gana? La respuesta, probablemente, es que no pueden. Y mientras el sistema de reparto de ingresos siga protegiendo a los grandes equipos, la brecha solo se ampliará.
Mercedes jugó con ventaja en la era del motor V8, jugó con ventaja en la era del V6 híbrido, y ahora jugará con ventaja en la próxima era. No porque tenga mejor gente —que también—, sino porque el sistema está diseñado para que los grandes equipos siempre tengan una ventaja. El precio de esa ventaja se paga en los balances de los equipos pequeños. Y en la competitividad de la parrilla.