3 de abril de 2017
La máquina cambia de hombre
La reflexión de hoy nace de esta noticia
Motor Sport Magazine
Liberty Media: The New OrderNoviembre de 2016

Mark Hughes publicaba en Motor Sport Magazine un análisis de la compra de la Fórmula 1 por Liberty Media («Liberty Media: The New Order», noviembre de 2016). No era una crónica neutral. Había una frase, casi al final, que dejaba entrever su preferencia por el nuevo propietario. En España decimos: «a rey muerto, rey puesto».
La pregunta interesante, sin embargo, no era cuánto había pagado Liberty. La pregunta era otra.
La historia reciente de la Fórmula 1 había demostrado que una empresa podía cambiar de propietario sin cambiar realmente de dirección. Bernie Ecclestone seguía siendo el hilo conductor de cada transición. La compra de Liberty abría una posibilidad distinta: que el propietario y la forma de entender el negocio cambiaran al mismo tiempo. Por primera vez, la Fórmula 1 afrontaba un cambio de propiedad sin que el hombre que la había construido siguiera siendo el puente entre el pasado y el futuro.
¿Qué ocurre, entonces, cuando un activo cambia de manos y también cambia la mirada de quien lo posee? ¿Hasta dónde llegará esa promesa?
La propiedad era financiera; el alma era de Bernie
Hughes señalaba una diferencia clave entre Liberty y CVC. Hablaba de «compromiso» con el deporte frente a la «maximización de ingresos inmediata». Pero lo que no decía es que CVC no gestionaba la Fórmula 1. Bernie Ecclestone la gestionaba. CVC se limitaba a cobrar. Y no estaba solo: había otros fondos conservadores detrás. La propiedad era financiera, pero el alma seguía siendo de Bernie.
Christian Horner, amigo personal de Bernie y elevado por él a la cima de Red Bull, lo dijo con claridad: Liberty traía un «plan a largo plazo». Era curioso escuchar a alguien tan cercano a la gestión anterior formularlo así. Como si reconociera que, durante todos esos años, la visión a largo plazo había sido una ausencia.
He negociado con Formula One Management. He visto la máquina por dentro. Y siempre me ha sorprendido que alguien como Bernie Ecclestone hubiera conseguido construir un negocio de esa magnitud partiendo de algo que, en su origen, era casi amateur. Esa capacidad de construir —para bien, hay que admirarla— no tiene nada que ver con la lógica de un fondo.
Crecer, engordar, vender
Liberty hará crecer el producto. Abrirá puertas que Bernie mantuvo cerradas, como las casas de apuestas y las redes sociales. Gastará en marketing cantidades que Bernie ni siquiera imaginaba —él nunca tuvo un departamento de marketing—. Y luego, probablemente, venderá.
No es un juicio. Es un patrón. La historia de la Fórmula 1 es una sucesión de propietarios que han hecho crecer el negocio, lo han engordado, y lo han vendido. Liberty probablemente hará lo mismo.
«La verdadera incógnita no es cuánto crecerá la Fórmula 1. Es si, dentro de unos años, seguirá pareciendo la misma organización que hoy cambia de propietario.»