12 de junio de 2017
La abundancia también tiene un precio
La reflexión de hoy nace de esta noticia
Motorsport.com
Analysis: Liberty's vision for the future of F1 broadcastingJunio de 2017

Adam Cooper publicaba en Motorsport.com un análisis de la estrategia audiovisual de Liberty Media para la Fórmula 1 («Analysis: Liberty's vision for the future of F1 broadcasting», junio de 2017). El artículo habla de OTT, de plataformas digitales, de paquetes premium para los aficionados más apasionados. Carey habla de llegar al espectador allí donde esté. Más plataformas, más alcance, más posibilidades de monetización. El lenguaje es nuevo. La ambición, también.
Mientras leía el análisis de Cooper tuve la sensación de que la discusión no giraba realmente alrededor de la tecnología. OTT era el lenguaje de la época. La decisión pertenecía a otra categoría.
La escasez como modelo de negocio
Bernie Ecclestone construyó el negocio audiovisual de la Fórmula 1 sobre la escasez. Pocas ventanas, exclusivas, caras. Cada emisora pagaba una fortuna por tener el derecho exclusivo en su territorio. El modelo era simple: menos oferta, más valor. Quien quería emitir la F1 pagaba lo que Bernie pedía.
Las primeras decisiones de Liberty apuntan hacia una lógica distinta. La distribución deja de entenderse como un sistema de exclusividades y empieza a concebirse como una red de acceso. La pregunta, entonces, ya no es si el OTT funciona. Es si la lógica de la abundancia es más rentable que la lógica de la escasez.
Otros grandes deportes también han oscilado entre el alcance masivo y la exclusividad de pago. El equilibrio nunca ha sido definitivo.
El modelo de Liberty trae consigo más gasto en marketing y una reducción de ingresos por fees en el primer ciclo. Es una apuesta. Puede salir bien o mal.
«El valor no está en el número de ventanas, sino en la exclusividad de cada una.»
Esa idea la aprendí en una negociación sobre derechos audiovisuales y después la he vuelto a encontrar muchas veces. Bernie entendía esa lógica. Las primeras decisiones de Carey apuntan hacia una lógica distinta.
Quién tiene el poder de decisión
Liberty quiere renegociar todos los contratos. Quiere flexibilidad. Quiere acuerdos más cortos. Esa es la lógica del que llega y quiere cambiar las reglas. Pero los contratos se negocian con quien tiene el poder. Y los broadcasters tradicionales defienden sus ventajas con la misma intensidad con que las adquirieron.
Siempre me dio la impresión de que Bernie empezaba cualquier conversación preguntándose quién tenía realmente el poder de decisión. En las primeras intervenciones de Carey aparece otra preocupación: cómo ampliar el producto. Son dos maneras distintas de mirar el mismo negocio.
Las plataformas cambiarán. Los contratos también. Dentro de unos años, quizá nadie recuerde qué significaba OTT. Lo que seguirá importando será la misma pregunta de siempre: ¿qué vale más, llegar a todos o ser imprescindible para unos pocos?